Wednesday, 09 September 2009

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La iglesia de Palomares del campo data de 1554 según documentos hallados en la Audiencia Episcopal. Entorno a ella, como ha ocurrido en todas las iglesia de nuestro país, ha girado durante siglos el movimiento no solo religioso, sino también artístico, cultural e histórico, un ejemplo lo hallaremos en el Museo Sacro parroquial que a continuación visitaremos.

   

 

 

Antes de adrentarnos en su interior llama l atención su esplendida portada diseñada por  un natural del pueblo, Francisca de Anchea. Fue terminada en 1638 y es de un estilo severo greco-romano. Compuesta por dos cuerpos que centran el arco de medio punto que sirve de entrada al templo.

El primer cuerpo esta constituido por cuatro columnas bóricas sobre las que se apoya un friso con triglifos y metopas. El segundo cuerpo se levanta sobre dos columnas corintias y en su centro esta la imagen de la virgen de la Asunción, flanqueada a ambos lados por las figuras de San Pedro y San Pablo.

la silueta de esta iglesia se percibe desde la distancia y nos invita a acercarnos y visitarla.

Se trata de uno de los templos mas bellos y ricos de la diócesis, salpicado todo él por obras de siglos XVI, XVII y XVIII.

  

Nos adentramos en la iglesia de la que destaca en primer lugar la denominada capilla de los " Alarcones ", situada a la izquierda junto al presbiterio, hoy restaurada y convertida en sede del Museo sacro parroquial de esta pueblo. Son muchas las obras que aquí podemos contemplar, la mayoría barrocas de los siglos XVII o XVIII; tallas como las de las tres virtudes (Fe, Esperanza y Caridad), San Miguel o la virgen del buen suceso, óleos que representan al Ecce Homo, san Cristóbal o la adoración de los reyes, esculturas, misares, arcones... pero de entre todo destaca el Retablo manierista del siglo XVI formado por 10 tablas y dedicado como advocación central a la Inmaculada, restaurado recientemente a inaugurado en la iglesia de la Merced de Cuenca.
  

 

Retablo Mayor

A continuación podemos contemplar el Retablo Mayor de la iglesia, terminado en 1780 y obra de Joaquín Gassó, uno de los maestros que trabajo en el retablo de la catedral de Cuenca. Lo componen imágenes, serafies y ángeles, destacando un Dorado del Tabernáculo de factura neoclásica.

Medallón de la Ascensión

Frente a la puerta de la iglesia, en el muro izquierdo está situado el Medallón de la Ascensión. Se trata de una formidable tabla de casi 3 metros de altura y uno y medio de anchura. No se conoce el autor, pero es equiparable a las mejores obras en madera realizadas en el siglo XVI.

 

Tres altares y una capilla contemplarán el recorrido por este templo:

El altar de Santa Quiteria. Situado en el muro izquierdo de la nave. Un endeble altar barroco traído de alguna ermita. Destaca la talla policromada de Santa Quiteria Situada en su parte superior, así como dos niños barrocos de fines del XVII situados a ambos lados.

El altar de San Roque. A mitad de la nave a la derecha. Del que destacan cuatro tablas, sobre todo la investidura de san Ildefonso por la Santísima Virgen. Es del último tercio del siglo XVI y en él no se reconocen autores.

Capilla de Grabiel Ramírez d Arellano. Situada en la mitad de la nave a la izquierda. Fue terminada en 1575. Compuesta por un inmenso arco con pilastras adosadas a la pared y un cuerpo sencillo de capilla con casetones sin adornos. En ella se encuentra la imagen de la Inmaculada una de las esculturas Más bellas de la iglesia.

El altar dorado de la Virgen del Rosario. Situado a la derecha junto al presbiterio, fue concluido en 1674, compuesto por seis tablas en las que se percibe el clasicismo renaciente.

   

 

 

La ERMITA DE LA VIRGEN DE LA CABEZA, símbolo de la religiosidad de Palomares, donde se puede contemplar: el altar Mayor de la segunda mitad del siglo XVIII, posiblemente obra de Martín de Aldechuela, el púlpito de un barroquismo que se acerca al Rococó de aproximadamente el 1700, y una serie de imágenes entre las que destacan, Cristo del entierro, talla de principios del siglo XVII, Jesús con la cruz caminando a la crucifixión de 1623....

Sólo queda pasear por las calles conversar con los palomareños para completar una visita en la que la tradición, la costumbre, el folklore, la gastronomía y la curiosidad se mezclaran con el arte y la cultura para hacer de este recorrido algo inolvidable.



 

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